6 ene. 2016

Pasadas otras fiestas

Ya en el día de Reyes, esos que dicen que traen regalos, carbones y cosas para cambiar al día siguiente, toca su fin otras fiestas navideñas. Y ya van 50 desde que me trajeron por estos andurriales, un frío 9 de Enero de 1965, se que hizo mucho frío por mis padres y supongo que porque era Invierno.

Estas fiestas han sido distintas a otras que he pasado desde que resido en Granada. Lo primero es que mi hija Yadira ya tiene 18 años y se fue a pasar la Navidad a Barcelona, no sin antes dejar su voto por correo, que una cosa son las fiestas y otra la responsabilidad. Bueno, es que también le hacía mucha ilusión elegir con su voto a uno u otro. Sigue sin decirme a quién ha votado, aunque deduzco que fueron los mismos a los que yo he votado, o no.

Pasamos las fiestas Luisa, Guantes y nuestro nuevo miembro, Azrael, que ha traído alegría y distracción a raudales. Saltando de aquí para allá, arañándolo todo y dando bocaos a la vez que lametones, sin saber nunca que va a ser, algo así como el truco o trato de Halloween. Por esto hago hincapié en que han sido unas fiestas únicas y distintas a otros años.

Ha habido días en los cuales me he sentido abstraído de la realidad, en las que mi mente me llevaba a otra época y lugar. Me he acordado mucho de cuando era un niño, de las fiestas familiares en las que no cabía ni un alfiler. Fiestas y épocas en las que no te tenías que preocupar, nada más que de comer y pasarlo bien. En las que se cantaba y rascaba la botella de Anís El Mono, las panderetas y la algarabía de los críos corriendo de un lado a otro. De los cristales con vaho chorreteando gotas y en las que se dibujaba o escribía lo que a uno le daba la gana. La de los calcetines la víspera de Reyes, la de levantarse con un chocolate calentico y ruedas de churros. Las de no madrugar y remolonear en la cama hasta dejarla echa un nudo. Dónde la nochebuena era una fiesta hasta altas horas de la madrugada y en la que no había regalos por la mañana.

Sí, me he sentido distinto. He repasado mi vida como en una novela por capítulos. He llorado y he reído, me he entristecido y a la vez me he sentido dichoso de estar vivo, de ser como soy, de mi familia, de mis amigos, de mis animales. De estar dónde estoy, del ahora. De haber estado "pululando" en el pasado, de los recuerdos, de las vivencias, de los que no están y de los que siguen aquí. De lo perdido y lo ganado, de lo que pudo ser y de lo que ha sido.

Dedicado a él, al pasado.